Escrito por Yoye de la Salsa
Un día como hoy hace treinta años:
El Día que la Salsa guardó silencio por "Tabaco"
Aquel 30 de mayo de 1995 amaneció con un velo gris sobre el cielo de Venezuela, uno que no se iría fácilmente. Ese día, la salsa, esa que nos hierve en las venas, se quedó un poquito más quieta, un poquito más huérfana. Carlos "Tabaco" Quintana, el sonero del pueblo, el de la voz que sabía a esquina y a verdad, nos había dicho adiós. Y su partida, créanme, se sintió como cuando se apaga la música en la mejor parte de la fiesta, dejando un silencio que duele en el pecho.
Imposible pensar en la salsa nuestra sin que su nombre resuene. "Tabaco", como le decía su gente, no era solo un cantante; era un sentimiento, una crónica con clave. Nacido en septiembre de 1943, en el corazón de Caracas, creció con el ritmo pegado al alma. Desde sus días con el legendario Sexteto Juventud, donde esa voz rasposa y llena de alma empezó a dibujar sonrisas y a mover pies, hasta cuando tomó el timón de su propia nave, Tabaco y sus Metales, su música fue siempre un abrazo, un espejo.
Dicen que cada sonero tiene su sello, y el de "Tabaco" era inconfundible. Era la voz del barrio, esa que no necesita adornos para contar las penas y las alegrías de la gente de a pie. Cuando cantaba "La Cárcel" o nos endulzaba con "Caramelo y Chocolate", no estaba solo entonando melodías; estaba pintando la vida misma, con sus colores crudos y sus verdades sin filtro. Por eso la gente lo quería tanto, porque en su cantar había un pedacito de cada uno.
Él no solo cantaba, él inspiraba. Muchos músicos que vinieron después vieron en "Tabaco" el faro de la autenticidad, la prueba de que se podía ser fiel a la calle y al corazón, y aun así, sonar en todas partes. Su manera de "soneo", esa improvisación que le brotaba como agua de manantial, era pura magia, un don que pocos tienen.
Recuerdo, y cuentan las crónicas de entonces, que cuando se supo la noticia –apenas con 51 años, por culpa de un pulmón que ya no quiso más guerra– un nudo se apretó en la garganta de Venezuela. Las calles se llenaron, no para celebrar, sino para acompañarlo en su último viaje, para decirle adiós con esa misma pasión con la que él nos había cantado tantas veces. Fue una despedida de pueblo, sentida, de esas que solo se le dan a los que se meten muy adentro.
Hoy, aunque ese 30 de mayo quede marcado en el calendario como un día triste, la música de Carlos "Tabaco" Quintana sigue sonando. Sigue viva en cada fiesta, en cada radio que se niega a olvidarlo, en la memoria de los que crecimos con su voz y en los jóvenes que descubren su sabor. Porque "Tabaco" no se fue del todo; dejó sembrada su alegría, su cadencia, su corazón de sonero. Y eso, amigos míos, es algo que ni la muerte puede callar. Su voz, esa voz del barrio, sigue contando nuestras historias, sigue siendo parte del alma musical de esta tierra y así vive por siempre. Hoy su hija Milagros Quintana como Manager decidió seguir el legado y nos presenta Tabaco y Su Metales "La Leyenda" reviviendo sus grandes éxitos y hasta los temas inéditos, dispuesta a deleitar al publico con todo lo que dejo este grande entre grandes, sonero de soneros, el verdadero y único, sin lugar a dudas.
Allá en la Rumba del Cielo, Tabaco uno de mis ídolos de la salsa:
Ponle Sabor!!!





Es leyenda con sus temas tan populares en cada barrio
ResponderEliminarAsí mi querido amigo y maestro una leyenda por siempre de la Salsa Venezolana, un abrazo fuerte
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