Escrito por Yoye de la Salsa
Elio Flores: La Galaxia que Nació en un Barrio y Conquistó Corazones Salseros
¡Atención, pueblo salsero! Póngale oído al tambor, afinen la clave y prepárense para un viaje en el tiempo, porque la crónica que hoy nos convoca es un homenaje en vida, una conversación pendiente que salda una deuda con la historia de nuestra música. Tuvimos el honor de sentarnos con una leyenda, un maestro del cuero y el ritmo, timbalero y director de una de las agrupaciones con el sonido más original que ha parido Venezuela: el maestro Félix Manuel Flores González, mejor conocido como Elio Flores, alma de la Quinta Galaxia.
Y como el buen sonero va de frente, arrancamos sin anestesia, con la pregunta que muchos melómanos se han hecho durante años...
La Deuda Pendiente y el Origen en un Perol de Leche
Maestro, con todo respeto y admiración, ¿por qué un pilar como usted nunca había tenido su propia entrevista en una tribuna como Swing Latino?
Con una sonrisa que desarma y la humildad de los grandes, Elio nos confiesa:
- ¡La verdad es que yo era fan de ustedes! Coleccionaba las revistas, estaba pendiente de las tarimas que cubrieron, por ejemplo, la descarga de los barrios y toda esa información salsera... ¡eso era el verdadero sabor!. Pero en aquel tiempo, uno era muy muchacho. Mi tío, Nelson Huerta, que es como mi hermano y el pilar de todo esto, era más reservado con esas cosas. Yo veía a los bravos sentados allí en las entrevistas y pensaba: ‘¡cónchale, ¡qué sabroso sería!’, pero no se daba. La inquietud siempre estuvo, te lo aseguro.
-Hablemos de ese comienzo. Hoy es reconocido como Maestro Honorario, pero todo tiene un principio. ¿Cómo nace el músico, cómo arranca esta galaxia musical?
Elio se reclina, sus ojos viajan casi 50 años atrás, y la crónica se vuelve pura sabrosura.
-¡Imagínate tú! Soy el numero cuatro de seis hermanos, hijo de Félix y Olga que ya se marcharon a la rumba del cielo. Tendría unos 10 años, ahora tengo 65. Mi tío Nelson, que es un músico empírico de los buenos, le daba al cuatro y cantaba. Nos reunimos y yo, pues... ¡Como empezamos todos!. Con el perolito de leche, con el cartoncito y unos palitos de gancho de ropa; él cantaba y yo le hacía el coro y el ritmo. Pero te voy a dar un dato (dice entre risas) el perol de leche sonaba raro. ¡El que sí daba la talla era el pote de pintura Montana!. Ese aguantaba más palo, aunque había que darle con cariño porque el cuero era de cartón y duraba una o dos semanas. Así, en esa inocencia, en la calle 9 de Los Jardines del Valle, sin saberlo, estábamos sembrando la semilla de lo que vendría a ser la Quinta Galaxia. Un día al terminar la práctica de siempre con el tambor improvisado se acerco alguien que pasaba por la casa de El Valle, casi siempre nos veía ensayando sin decir nada, se fue y se apareció con tambor de gaita, fue el primer regalo que lo ame tanto que trate de aprender con mas interés y lograr tocar con confianza, porque sonaba bueno y además no se rompía, de verdad agradezco hasta el sol de hoy ese gesto por que fue como un trampolín para continuar con mas interés.
-Paso el tiempo y en los primeros años de los 70 fue un grupo a ensayar a la Calle 9 donde vivía el Sr. Rafael Prado que era vecino de nosotros, bajista de Federico y su Combo Latino. Me quede con la boca abierta cuando vi a esa Orquesta sonar en vivo, estaban ensayando y no sabia que era el ensayo de su primer LP. Mayor sorpresa cuando Rafael Prado luego le mostro el disco a mi tío Carlos que era amigo suyo de años titulado "Llegó la Salsa"
La Dimensión que lo cambió Todo
La historia de toda gran orquesta tiene un momento de epifanía, una chispa que enciende la pradera. Para Elio, esa chispa tuvo nombre y apellido.
-Un sábado por la noche, en el año 1976, viendo el ‘Show del Pueblo’ con Gilberto Correa, presentan a la Dimensión Latina. ¡cuando yo vi a esos siete músicos y escuché ese sonido tan afinado, tan poderoso... Eso fue todo. Llegué a la casa como a las nueve de la noche y fui directo a donde mi tío: ‘¡Nelson, tenemos que armar un grupo!’. Por ahí estaba una tumbadora vieja y destartalada. Al día siguiente, domingo, me dediqué a lijarla, a ponerla bonita. El lunes, ya estaba hablando con los hermanos Castillo, que eran los músicos del barrio. ‘Mira, tengo esta inquietud, vamos a juntarnos’. Y así, con una tumbadora remendada, un bongó al que le faltaba un cuero, un bajo prestado y un micrófono amarrado a un palo de escoba, hicimos el primer ensayo. ¿La amplificación? ¡Una corneta de esas de campana que usaban los pregoneros para vender tomates! Pero te digo una cosa: ¡eso sonaba bonito!.
Crónicas de la Galaxia: Del Amplificador de Pregonero al Círculo Militar
Todo sonido que se respete, toda orquesta que haya puesto a gozar a un barrio, tiene un kilómetro cero. Un punto de partida donde las ganas eran más grandes que los equipos y el corazón sonaba más fuerte que las cornetas. Porque si algo sobraba era corazón. Elio, con sus "trabajitos", era el mecenas de la orquesta. Compró unas cornetas a su hermano "de palabra", invirtió en una "plantita" (un pequeño amplificador) y siempre estaba aportando. "Cuando tú quieres algo, que quieres lograr algo, no te importa para qué vas a trabajar". Esa fue la gasolina que impulsó el cohete. Incluso cuando cometieron el error de principiante de comprar un órgano de 4.500 bolívares —una fortuna para la época— que para la salsa servía tanto como un paraguas en el desierto. Fue una lección costosa que cambiaron por un modesto, pero funcional, equipo de voces de 200 vatios.
El Disneylandia de los Palos Grandes
El destino, que a veces afina mejor que cualquier músico, le tenía preparada una jugada maestra a Elio. Un equipo Fender dañado lo llevó a las puertas del paraíso: la tienda Musiyama en Los Palos Grandes. Para un músico de barrio, entrar allí era como para un niño entrar en Disneylandia. El brillo de los bronces, las hileras de guitarras, el aroma a instrumento nuevo... Elio quedó petrificado.
Mientras esperaba al técnico, la pasión le ganó a la timidez. Vio a un vendedor tocar un órgano con una destreza endiablada y se lanzó. Preguntó por trabajo. La respuesta fue un desafío: para venderlos, hay que saber tocarlos. El gerente, viendo el brillo en sus ojos, le hizo una oferta de las que cambian la vida:"Si quieres, te vienes mañana".
Elio no lo pensó. Dejó su trabajo bien pagado con su hermano y, al día siguiente, "vestido pavito y con un afro grandote", se presentó a las ocho de la mañana. Lo que siguió fue un campamento musical intensivo: quince días, a ocho horas diarias, aprendiendo los acordes básicos de piano, guitarra y órgano. Fue un maratón de dedicación pura, a veces con almuerzo incluido por cuenta del gerente que vio en él un diamante en bruto. Musiyama no solo le dio un trabajo; le dio un arsenal de conocimiento y acceso a los equipos que su Galaxia necesitaba para despegar.
Bautizo Sideral y el Sabor del Limón
Fue en esa época de efervescencia que el nombre cobró vida. En un firmamento musical dominado por astros como La Dimensión, Apolo Sound y Los Satélites, Elio apuntó más lejos. "Oye, yo me voy a meter por la Galaxia", pensó. Y como eran un quinteto, la matemática fue sencilla y poética: Quinta Galaxia.
Con el nombre sideral y los equipos mejorados gracias a los descuentos de Musiyama, llegó el "arranque total". Ocurrió en el Club El Limón, bajando hacia La Guaira. El sabor a salitre se mezcló con el del cuero y el metal, y la receptividad fue explosiva. Tocaban hasta tres sets por noche, obligándose a devorar repertorio y a afincar un sonido que ya empezaba a ser único.
Ese sonido se estaba cocinando con ingredientes de primera. La dirección musical de su tío, Nelson Huerta, que tenía el don de la armonía; la suma de los metales de los hermanos Bravo; y la metamorfosis del propio Nelson, que colgó la guitarra para no chocar con el tres de Orlando Chaparro y, de forma autodidacta, se convirtió en el trombonista que definiría su sonido.
El Coronel Salsero y el Cuartel del SwingLa anécdota que catapultó a la orquesta a otra dimensión, sin embargo, es de antología. Tras tocar en una fiesta privada para el Teniente Coronel José Antonio Pino, este, maravillado con su swing, les hizo una propuesta inverosímil: enrolarlos en el ejército como la banda oficial. ¡Justo a Elio, que se había fugado dos veces del servicio militar!
La oportunidad era demasiado buena para dejarla pasar. De pronto, tenían un sueldo, un lugar fijo para ensayar y, lo más valioso de todo, el 100% de su tiempo para dedicarse a la música. Cuando el coronel ascendió y se hizo gerente del Círculo Militar, la Quinta Galaxia se convirtió en la orquesta de la casa.
Allí, entre uniformes y disciplina castrense, Elio vivió una de las anécdotas más cómicas de su carrera. Gracias a sus dotes de tecladista, consiguió un puesto envidiable tocando en el Casino de Oficiales, liberándose de las faenas del soldado raso. Pero el poder del swing no era suficiente para conmover a la señora de la cocina, una civil de carácter impenetrable. Tras su primer toque, fue a pedir su almuerzo:
—Señora, el capitán me dijo para comer aquí. —Sí, pero no hay comida. —Pero... yo soy el músico. —Bueno, yo no sé cómo va a ser.
Tras dos días comiendo galletas y refresco, intentó una táctica más sutil, buscando un punto en común:
—Señora, y a usted, ¿qué tipo de música le gusta? La respuesta, lapidaria y gloriosa, fue: —A mí no me gusta la música nada.
Así, entre la incomprensión de una cocinera y el aplauso de la oficialidad, la Quinta Galaxia pasó de la corneta de pregonero a la tarima más prestigiosa del mundo militar, preparándose, sin saberlo, para la conquista de un universo mucho más grande: el del corazón del bailador.
El Sonido Único y la Consagración Inesperada
El primer toque que les dio el empujón definitivo fue en el Club El Limón, bajando pa' La Guaira. "Aquello tuvo una receptividad buenísima. ¡Ahí fue el arranque total!", recuerda con emoción.
La historia de Quinta Galaxia es inseparable de sus éxitos originales, temas que, casi medio siglo después, siguen siendo himnos en cualquier rincón salsero del mundo.
-Elio, el sonido de ustedes es inconfundible. "Homenaje al Tres", Definir"... esos temas no se parecen a nada. ¿Cómo nace ese sello?
-Mira, eso fue una combinación de cosas. La dirección musical siempre la llevó mi tío Nelson Huerta por su conocimiento de la armonía. Pero la clave fue la llegada de nuestro cantante, el inolvidable José Inocencio Cárdenas. ¡Ese hombre era un poeta! Tú y yo podíamos estar hablando de cualquier cosa, y a los cinco minutos él ya te había sacado una letra, una canción. Era un don. El tema ‘Homenaje al Tres’ nació así, en colectivo. Alguien trajo la idea, el tresista Orlando Chaparro le puso su magia, y entre todos le dimos forma. Con ‘Definir’ pasó algo similar, nació de una vivencia, de un dilema entre músicos, y se convirtió en ese clásico. Con este quinteto comenzaron los ensayos, luego se incorpora Jesús Mendoza, y el grupo se convertiría en un sexteto cuyos integrantes y dotación quedaría de la siguiente manera: Efigenio Castillo (cantante), Melanio Castillo (bajo), Alberto “Nene” Castillo (bongo), Elio Flores (conga), Jesús Mendoza (timbal) y Nelson Huerta (guitarra eléctrica).
En el año 1978, la 5ta Galaxia realiza su primera grabación profesional, un disco en 45 rpm, el cual incluía un son montuno de nombre “Embustero soy”, cantando por Efigenio Castillo. Se integran luego Joel Cárdenas (cantante), Orlando Chaparro (tresista) y Antonieta Cortes (cantante), y graban un segundo 45 rpm, con los temas: “Solo frente al mundo” en la voz de Joel y “Hasta fuerate” en la voz de Antonieta Cortez. Los arreglos siempre en todas las producciones de la Quinta Galaxia fueron de Nelson Huerta.
-Después de tantos años, ¿Qué se siente escuchar a una nueva generación de chamos cantando esos temas que nacieron de un pote de pintura y un micrófono en un palo de escoba?
A Elio se le humedecen los ojos. El orgullo del artesano que ve su obra trascender el tiempo.
-Es el orgullo más grande que uno puede tener. Saber que algo que nació de nosotros, de un esfuerzo colectivo, sigue vivo y emociona a la gente. Hace poco un amigo me llamó desde Nueva York: ‘¡Elio, estoy en una discoteca y están reventando las cornetas con Quinta Galaxia, ¡qué rico se siente!’. Cuando estamos en una tarima y vemos que el público, jóvenes y viejos, canta nuestras canciones a todo pulmón... ¡eso te llena el alma! Eso significa que todo el sacrificio, desde los ensayos con la corneta de pregonero hasta los años de servicio militar donde pulimos el sonido, valió la pena.
Elio Flores se detiene un instante, como si repasara en su mente el eco de casi medio siglo de música. La historia de La Quinta Galaxia es la prueba de que la salsa más auténtica no siempre nace en los grandes estudios, sino en la calle, en la curiosidad de un niño, en la terquedad de un grupo de amigos y en la genialidad de un poeta. Es un sonido forjado entre latas de pintura y equipos de última generación, entre ensayos en un patio y conciertos en el Círculo Militar.
La Quinta Galaxia 20 Años de Silencio y un Legado que Nunca se apagó
Ahora, nos adentramos en el engranaje que perfeccionó la máquina, en la paradoja del éxito y en la historia de cómo un contrato discográfico, que prometía el cielo, los condenó a un silencio de 20 años. Pero la salsa, cuando es de verdad, no se engaveta. Suena en la calle, en la piel del bailador, en la memoria del pueblo. La historia de La Quinta Galaxia es también una lección de resiliencia.
Maestro, nos habló de esa etapa dorada en el Círculo Militar, con equipos nuevos y tiempo para crear. ¿Cómo se consolidó allí esa alineación que grabó los clásicos?
-Esa etapa fue clave. El coronel nos dijo: “Háganme una lista de todo lo que necesitan, hasta lo más mínimo”. ¡Aquello no fue una lista, fue un listón! Nos trajo del norte un sonido de 4,500 vatios, como 20 micrófonos, y la percusión completa, nuevecita, marca LP. Éramos como muchachos con juguetes nuevos. Ahí pasó algo curioso. Un día, ensayando, sentíamos un “choquecito” en la percusión. Yo estaba en las tumbadoras y Jesús Mendoza en el timbal. Para probar, nos cambiamos los instrumentos. ¡Y la cosa empezó a mejorar! El sonido ensambló perfecto. Así que me quedé yo en el timbal y Jesús en las tumbadoras. A veces las soluciones nacen de la necesidad.
-La alineación que se fraguó allí fue: José Luis Graterol en el bajo; Nelson Huerta en el trombón; Manuel Bravo en la trompeta; Orlando Chaparro en el tres; y la percusión con Jesús Mendoza en las tumbas, David Cárdenas (sobrino de José) en el bongó, y este servidor en el timbal. El camión que llevaba todo el peso adelante era José Inocencio Cárdenas, cantando. Teníamos un solo cantante, pero hacía el trabajo de un ejército. Con esos equipos y esa formación, pasamos a la nómina del Círculo. Tocábamos miércoles, jueves, viernes, a veces fines de semana, y los lunes eran para ensayar todo el día, con la piscina al lado... eran buenas comodidades para crear.
20 Años en la Gaveta: La Batalla contra el Monstruo de la Disquera
Aquí, salseros, es donde la historia se pone tensa. En 1982, con la ilusión a flor de piel, Quinta Galaxia firma un contrato de exclusividad por 20 años con la todopoderosa disquera Sonorodven. Pensaron que era el cohete al estrellato. Fue, en realidad, una jaula de oro.
"Resulta que nosotros éramos un grupo de barrio" nos confiesa Elio. "Y para ellos era más fácil manejar a un Guillermo Dávila (...) que mover una agrupación completa". El resultado: los "engavetaron". Su primer LP, grabado y listo, durmió el sueño de los injustos mientras otros artistas copaban la radio.
La anécdota de cómo finalmente salió ese disco es digna de una película de espías con clave de son. En un Festival Afro-Caribe en el Nuevo Circo, ¡alguien filtró el disco engavetado y comenzó a venderlo entre el público! "La gente iba oyendo a Quinta Galaxia y cuando estaba sonando (...) estaban vendiendo los discos. ¡Vendieron como pan caliente!". El escándalo fue tal que los jueces, aunque no les dieron el primer lugar que merecían, crearon una presión insostenible. La disquera, acorralada, tuvo que soltar la producción. ¡Una victoria arrancada a la fuerza!
-Entonces, ¿esa fue la única producción? Porque se habla de una segunda que nunca vio luz....
- ¡Esa fue otra historia! Intentamos hacer una segunda producción en el 83. Pero nos pusieron de productor a un argentino, que de salsa sabía lo que yo sé de física cuántica. Cuando escuchamos la mezcla, fue un desastre. El timbal sonaba por allá adelante, un desorden total. Fuimos a la disquera y dijimos: “Esto no fue lo que grabamos, no queremos que eso salga”. Y recogieron el material. Nos volvieron a engavetar
"¡Qué pecado, ¡qué pecado!", exclama Elio al recordar esos 20 años de silencio forzado, sin poder grabar con nadie más y viendo cómo se les negaba la proyección internacional que su música merecía. El relato de Elio Flores toma un giro agridulce. Tras el paraíso creativo del Círculo Militar, llegó el espejismo del éxito masivo: un contrato con un sello discográfico gigante. Lo que parecía ser el despegue definitivo se convirtió en una jaula de oro.
- ¿Entonces qué pasó durante esos 20 años de contrato? ¿Del 82 hasta el 2002?
-Que no podíamos grabar con más nadie. Sufrimos la misma suerte que la del Grupo Mango; el contrato nos ataba. Seguimos tocando por nuestra cuenta, en fiestas, en los barrios. Nos hicimos fuertes en Barlovento. Nos decían: “Cuidado, que allá son negritos exigentes, hay que tocar bien”. Y fuimos. La primera vez nos miraban con lupa, pero cuando la orquesta arrancó... de ahí en adelante tocamos en todos los pueblos: Caucagua, Panaquire, El Clavo, Higuerote... La música siguió viva en la gente, aunque en la radio estuviéramos congelados.
La Galaxia Sobreviviente
La historia de Quinta Galaxia no es solo de creación, sino de una resistencia titánica, de batallas épicas contra gigantes de la industria y de un legado que, sin que muchos lo supieran, apadrinó a una nueva generación de estrellas.
La pregunta que flotaba en el ambiente era sobre el presente: ¿Cómo se mantiene viva la llama? ¿Quiénes conforman esa "nueva camada"? Elio Flores, ahora como capitán del barco, nos lo explica con la claridad de un director de orquesta. No habla de reemplazos, sino de una simbiosis perfecta: "Yo quería un tren delantero, joven (...) pero se sabe que recordamos que estamos los viejitos y que estamos en la parte de atrás".
Y vaya "viejitos". La columna vertebral de Quinta Galaxia es un verdadero Salón de la Fama de la lealtad y el sabor: Franklin Rodríguez (Comiquita) en el trombón, José “Viruta" Martínez y Fernando Chaparro con más de 30 años en el bongó y el tres respectivamente, y José "Tukeke" Zambrano tumbadoras. José Liz Graterol (Chelo) bajo y coro, Luis Pacheco en el piano, Carlos Villasmil Segundo Trombón, Primera Trompeta: Marcos Gutiérrez, Segunda Trompeta: William Rada, Oscar Monasterio Vocalista y Coro, Leder Oliveros, vocalista y coro, Orlando Chaparro Coro (recordemos que él fue tresista participante de la primera y segunda producción de la agrupación) y por supuesto Timbal y Dirección Elio Flores. ¡Esto no es una banda, es una hermandad! La nueva sangre, los cantantes, fueron escogidos con ojo clínico, "pescando" talentos con constancia y carisma, puliéndolos en su estudio casero para que el sonido galáctico no perdiera ni un ápice de su esencia.
Pero la prueba más dura para esta hermandad no fue el tiempo, sino la industria. La historia de Elio Flores no es solo la de un músico, sino también la de un mentor. En medio de esas décadas de lucha, su pasión sirvió de faro para una generación que venía detrás, una que incluía a un joven pianista que cambiaría la historia de la salsa en Venezuela.
El Padrino Inesperado: Los "Hijos de la Galaxia"
Pero mientras la industria les cerraba puertas, Elio Flores abría otras. Y aquí viene una de las revelaciones más impactantes: ¿Les suena un tal Porfi Baloa? ¿Un muchachito llamado Wilmer Lozano?
Elio, con una generosidad que lo define, nos cuenta cómo acogió a estos "jovencitos" que tenían la inquietud de formar un grupo. En un cuarto de ensayo forrado con cartones de huevo, les dio su primera estructura."Lo primero es tener que haber un respeto", les dijo. Organizó los ensayos, les enseñó la disciplina y, literalmente, les dio su primera tarima.
El grupo de esos adolescentes, bautizado como "Grupo Reflexión", debutó abriéndole un show a Quinta Galaxia en El Valle: “Ahora, los hijos de la galaxia", los presentó Elio. Poco después, su primera aparición en televisión, ¡nada menos que en el programa de Popy!
Porfi Baloa no olvida. "Por eso cuando él siempre me ve, va, 'maestro, ¿cómo está, maestro?'. Hay un respeto y una amistad bien bonita". Elio Flores no solo es el timbalero de una orquesta legendaria; es el padrino silencioso de la generación que revolucionó la salsa en los 90.
De la Salsa al Púlpito
Entre anécdotas de toques donde "la tabla fue en la cabeza" (no les pagaron), la charla llega a su fin. ¿El futuro? Hay temas nuevos listos, como una versión del "Quinto Sabroso" de Cheo Feliciano, esperando salir del "bolsillo récord" para deleitar al público.
Su mensaje para las nuevas generaciones es oro puro:"Si es lo que te gusta, en lo posible hazlo. Prepárate en estudio (...) la constancia que hagas en querer salir adelante y hacerte metas".
Y cuando pensábamos que ya lo habíamos escuchado todo, Elio nos lanza la última curva, la más personal."Yo nada más no estoy con la música de salsa. Pertenezco a una iglesia cristiana, soy un pastor cristiano (...) y tengo un grupo de adoración buenísimo, ahí sí tocamos salsa, merengue, de todo".
Del perol de pintura al timbal, del timbal a la lucha contra una disquera, de ahí a apadrinar gigantes y, finalmente, al púlpito. La vida de Elio Flores es un son complejo, lleno de fe, resiliencia y un amor por la música que trasciende géneros y escenarios.
Y ahora te toca a ti, salsero, melómano, lector cómplice: ¿Cuál es tu tema favorito de la Quinta Galaxia? ¿Qué recuerdo te trae su música? Déjanos tu comentario, comparte esta crónica para que el homenaje llegue a todos los rincones y demostremos que la buena salsa, la de verdad, nunca muere.
¡Nos leemos en la próxima descarga y no lo olvides, si te caes siete veces, levántate ocho!
¡Ponle Sabor!













Excelente tu información
ResponderEliminarGracias por leer mi columna. Un abrazo
EliminarContinuamos con la Giorgerling de la Salsa , Gracias querida Amiga !!! Ponle Saborrr con Swing Latino
ResponderEliminarCon mucho querido amigo y maestro, para mí fue un honor escribir sobre tu historia musical
EliminarEn Realidad estamos agradecido por ese gran trabajo de Giogerling Mendez , hija de ese gran hombre Angel Mendez !!! Periodista escritor ,quien apoyo el talento Nacional e internacional por muchos años ; y el legado de sus hijas lo continúan , gracias y que Dios les conceda los anhelos de sus Corazones !!! Le deseo lo mejor y continúen los Exitos !!! Ponle Saboooorrrr
ResponderEliminarGracias y con mucho gusto sigo esta labor, un gran abrazo
EliminarAgradecidos "Orquesta 5ta Galaxia"
ResponderEliminarCon mucho gusto y cariño
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