Escrito por Yoye de la Salsa
Pelusa: El Salsero que Nació en Carnaval y Afinó el Teclado del Mundo
Swing Latineros, prepárense para un viaje sonoro y vital que tiene el sabor del Caribe, la cadencia del montuno bien puesto y la picardía de quien nació un sábado de carnaval. Si pensaban que lo habían leído todo sobre salsa, permítanme presentarles (o redescubrirles) a un personaje cuya historia es, en sí misma, una melodía contagiosa: Álvaro de Jesús Cabarcas Charriz, mejor conocido en los rincones más bailadores del planeta como "Pelusa". Y sí, esta crónica es apenas el calentamiento, porque después de leerla, van a querer la orquesta completa.
Nuestro protagonista, con la gentileza de quien conoce el valor de un legado –como lleva esta servidora honra al frente de Swing Latino–, nos abre las puertas de su vida. Y lo hace con una declaración de principios que ya es marca de la casa: "La salsa se sostiene con salsa". ¡Amén, maestro!
De
Barranquilla a la pasión venezolana: un Caribe que une corazones
Imaginen la escena:
Barranquilla, la Puerta de Oro, un 13 de febrero del año... ¡mil novecientos
punto com! Sí, han leído bien, "punto com", porque Pelusa es de esos
que ya venían con el software del sabor instalado de fábrica. Tres de la tarde,
sábado de jolgorio carnavalesco. ¿Casualidad? ¡No lo creo!
"Nací en el Caribe Colombiano, muy cerca de Venezuela", nos dice, y ese "muy cerca" no es solo geográfico, sino también afectivo. Antes de explorar su propio país, ya sus pies y su corazón habían tanteado el suelo de Maracaibo y Caracas. Soy un profundo admirador de la cultura venezolana", confiesa, y uno siente que esas palabras llevan el peso de tambores, arpas y cuatros bien templados. La lista de amigos músicos venezolanos es tan larga, nos dice, que nombrarlos sería como intentar vaciar el Orinoco a cucharadas: imposible y arriesgado.
De un hogar humilde a la escuela de la vida musical
Su cuna fue un hogar
humilde, de padres, Miguel y Margarita, venidos del campo a la ciudad. Él, el
cuarto de seis retoños. El gen musical, sospecha, le vino por un tío abuelo que
le daba al contrabajo amplificado en bandas y orquestas, ese "único eslabón"
que conectaba a la familia con el pentagrama. Creció en Cevillar, un barrio que
era un hervidero de bohemia: artistas, pintores, escultores y, cómo no, músicos
y peloteros. ¡Imaginen ese sancocho cultural!
El destino, que a veces
tiene oído absoluto, hizo que camino a la escuela, con apenas siete u ocho
años, sus oídos infantiles fueran cautivados por los ensayos de La Sonora del
Caribe de César Pompeyo. Como quien no quiere la cosa, se apostaba en la
ventana, hasta que Perla Pompeyo, hija del director, lo tomó de la mano y,
¡zas!, lo sentó al lado del pianista. Ahí, entre "este es el do, este es
el re", y la magia de los ensayos, nació un idilio. Si a eso le sumamos
una radiola Phillips paterna sintonizando en onda corta las delicias cubanas de
la Sonora Matancera y el Casino de la Playa, con un Lino Frías desatando solos
"maravillosos", entenderemos por qué el piano lo embrujó a primera
vista.
Con la osadía de sus trece o
catorce años, y ya con los montunos aprendidos "de oreja" gracias a
la paciencia del pianista de La Sonora del Caribe, debutó con ellos. Luego, en
el colegio, la música era materia obligatoria (¡benditos pensums!). Un profesor
visionario detectó el diamante en bruto y lo pulió con clases personalizadas,
llegando a matricularlo y pagarle la inscripción en el conservatorio. Pero
¡ay!, la academia y la música popular a veces se miran con recelo. Pelusa, que
ya "acompañaba" y "tocaba un montuno", chocó con la rigidez
de unos profesores que consideraban lo popular como "no música". Lo
expulsaron varias veces, ¡imagínense el sacrilegio! Gracias a los dioses del
ritmo, reflexiona, "eso cambió y hoy en día están preocupados por también
enseñar nuestra música". Suya es la sentencia: "Un país sin música
es un país sin cultura". ¡Tomen nota!

De Barranquilla a Bogotá
con la orquesta Los Rivales (y la condición paterna de estudiar una carrera
universitaria). Luego, Medellín lo reclamó para la orquesta de Juan Piña. Allí,
se curtió como músico de grabación, un trotamundos de estudios –Ecodiscos,
Fuentes, Victoria, Sonoluz–, dejando su huella en innumerables vinilos, casetes
y CDs. Su nombre empezó a ser un eco familiar en las carátulas, y su pluma, a
trazar los primeros arreglos.

La banda sonora multifacética:
Pero el corazón de Pelusa es una big band, y
siempre hay espacio para más música. Paralelamente a Niche, siguió
grabando con un firmamento de estrellas: Oscar D'León (¡incluyendo una versión
de"Casas de Cartón" del gran Alí Primera!), Andy Montañez, David
Pabón, Maelo Ruiz... La lista es un "quién es quién" de la salsa.
"Dios me ha permitido hacer o tener sobre la tierra muchos amigos, y esto
se lo debo a la música", afirma con humildad.
Pelusa y la Banda
Caramba: ritmos que contagian en Barranquilla y más allá
Y así llegamos a Pelusa y la Banda
Caramba. En 2003, un sencillo llamado "Curramba" hizo bailar a su
Barranquilla natal. Tras varios temas, en 2010-2011 nace el primer álbum
completo. Para el segundo, "Salsa a Domicilio", con la voz de
Fernando Barragán, llegó el pelotazo "Baila Conmigo", que escaló
posiciones como si tuviera alas. De ese mismo disco se desprenden joyas como
"Escapa si es lo que quieres" y dos featurings de lujo: "Para ti
mi son" con Germán Olivera (la voz de Eddie Palmieri) y "Se
Acabó" con el mismísimo Andy Montañez, un tema en décimas que evoca la nostalgia
de "Milonga para una niña". ¡Casi nada! Y para los románticos,
"Me Enamoré", una salsa cadenciosa que, nos sopla Pelusa, ya está
conquistando DJs en Venezuela.
Actualmente, se encuentra grabando su tercer álbum,
"Señales", del cual ya conocemos "Los amigos que yo tengo"
y "La llave del ritmo". Nos adelanta un par de títulos que prometen:
la canción homónima "Señales" (de Paula Mesa) y "Besos de
Cartón" (de Diego Morales), una pieza romántica con "mucha magia".

Defensor de la auténtica salsa en tiempos de cambio
Pelusa no es solo un hacedor de música, sino también un pensador del género. Su lema, "la salsa se sostiene con salsa", es un llamado de atención ante la "invasión" de otros ritmos y la nostalgia programática de muchas radios que olvidan darle paso a la salsa nueva. "Es mentira que no se esté haciendo salsa", sentencia, pero lamenta la falta de apoyo de las disqueras, que ahora invierten donde el retorno es más rápido. Él, desde su trinchera independiente con "Bolsillo Record" (¡qué nombre tan genial y honesto!), sigue produciendo "con nuestros propios recursos". Un Quijote moderno luchando contra los molinos de la industria, convencido de que hacer covers todo el tiempo "mata la creatividad". Aboga por creer en los compositores, en los arreglistas, en la música inédita. "Esto no es de parar, esto es de insistir, persistir y que tengamos la resiliencia".
Venezuela, un
amor que nunca olvida
Y si hablamos de afectos, Venezuela ocupa un palco de honor. Un recuerdo imborrable lo lleva a una visita con Niche a Caracas. Unos amigos lo invitaron a un evento en el 23 de Enero. Él, con la curiosidad del melómano, aceptó. Lo que encontró fue una calle cerrada, familias enteras compartiendo, una tarima donde quizás (la memoria a veces baila) sonaba Naty Martínez y su orquesta. Comió arroz con pollo, compartió, se tomó fotos. "Un afecto impresionante. Me llevo el recuerdo más hermoso". Tanto así, que en su canción "De cama en cama", Pelusa lanzó un guiño cómplice: "¡Para el 23 de Enero en Venezuela!". Un saludo que, años después, casi le cuesta una entrevista en España por "razones políticas" que él desconocía y desconoce. Su mensaje fue y es claro: "Fue una visita amable... me hicieron sentir extremadamente feliz. Mi respeto siempre para la comunidad salsera del 23 de enero. ¡Que viva la salsa y que viva el 23 de enero!". Este es Álvaro "Pelusa" Cabarcas. Un músico que nació "punto com" en pleno carnaval, que se enfrentó a conservatorios por defender el sabor popular, que dirigió a Niche, que tejió amistad con leyendas y que hoy, con su Banda Caramba, sigue demostrando que la salsa tiene cuerda (y teclado) para rato. Su gratitud a espacios como Swing Latino es genuina, porque sabe que son estas plataformas las que mantienen viva la llama.
La Salsa, un sentimiento que nunca se apaga
Así que, querido lector salsero, si esta crónica le abrió el apetito, ¡misión cumplida! Porque la historia de Pelusa no es solo para leerla, es para escucharla, para bailarla y, sobre todo, para entender que mientras existan artistas con esta pasión y este "bolsillo record" lleno de talento, la salsa seguirá sosteniéndose con... ¡más salsa! Y créanme, de este personaje, siempre querremos saber más. ¡Que siga la música!. Nos vemos en la próxima entrega y no olvides nunca:
"Si te caes siete veces, levántate ocho" y...






*¡Yoye, échale más agua al caldo, que sigue llegando gente!*
ResponderEliminarQue bonita crónica de Pelusa, aplaudo de pie para ti
Gracias amigo querido y seguimos!!! Ponle Saborrrr 😎👍
EliminarExcelente contenido mi yoye, por favor cuando puedas cuéntanos de aquel violinista llama pupy lagarreta.
ResponderEliminarExcelente propuesta. Gracias por leer mi columna 😊👍 Ponle Saborrrr 😎👍
EliminarEcha caldo que los garbanzos están duros excelente reportaje sobre este emblemático músico colombiano que se ha dado a querer porque su talento lo dió a conocer de sobra amiga felicitaciones 1.000 puntos
ResponderEliminarMuchas gracias por leerlo🫂 Ponle Saborrrr 😎👍
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