Escrito por Yoye de la Salsa

Sexteto Juventud: La Leyenda del Guasancó que Nació en el Barrio y se hizo Patrimonio



Hay sonidos que son la banda sonora de un país. En Venezuela, uno de esos sonidos indelebles es el del Sexteto Juventud, una alquimia sonora que huele a asfalto caliente, a esquina de barrio y a la alegría pura del bailador. Su historia, que se extiende por más de seis décadas, es un testamento de resiliencia, talento y sabor. Recientemente en el mes de mayo, la nación saldó una deuda histórica al declararlos Patrimonio Cultural e Inmaterial de Venezuela, un honor que corona una vida dedicada a la música. Para entender esta leyenda, hay que volver al origen, a la voz de su hacedor: Olinto Pastor Medina Sánchez quien en su oportunidad fue entrevistado por Swing Latino.

El Origen: Un Regalo para las Madres en el Corazón del 23 de Enero

"Aún se recuerda la presencia de Carlos 'Tabaco' Quintana, vocalista que pegara la mayoría de los éxitos de la agrupación", comienza Olinto, y en esa frase se condensa la nostalgia y el orgullo. La semilla se plantó en una fecha emblemática: un Día de las Madres.

"Fue el 13 de mayo de 1962, precisamente el año en que se funda en el 23 de Enero. Primero fuimos el Conjunto Rítmico Juventud, y luego pasamos a llamarnos Sexteto Juventud", comenta Olinto Medina, quien se autodenomina con picardía "El papá de los helados".

Este apodo, más que una anécdota, refleja el espíritu de un hombre que fue el pilar inquebrantable de la orquesta. Olinto, nacido en Aguada Grande, estado Lara, llegó a Caracas a los siete años junto a su familia, buscando las oportunidades que la capital prometía. Del barrio Ciudad Tablitas pasaron al bloque 44 del 23 de Enero, un hervidero cultural y social que marcaría su destino. "El ambiente era otro, bien sano. Yo me la pasaba en la esquina, con los músicos, por lo que no es de extrañar que me haya encaminado por ese lado", recordó.

Allí, junto a los hermanos Carlos y Marco Tulio Crocker, Arturo López, Alberto Hidalgo, Alfredo Arraiz y su propio hermano Juan "Ojo 'e vaca" Sánchez, se forjó el sonido primigenio. La influencia era clara: la cadencia que llegaba de Cuba a través de las ondas de radio. "Nuestra influencia fue la música cubana de aquella época. La Orquesta Aragón, el Trío Matamoros, el Conjunto Caney... Recuerdo que en los años 60 Tito Rodríguez tenía un sexteto llamado La Playa. Nosotros buscamos esa referencia, porque el sonido atrapa a los bailadores. Era el barrio, pura tierra", afirmó Olinto.


La Llegada de un Fenómeno:  "Tabaco"

Toda gran historia tiene un punto de inflexión, un golpe de suerte que lo cambia todo. Para el Sexteto Juventud, ese momento tuvo nombre y apellido: Carlos Quintana "Tabaco".

Tabaco, un sonero extraordinario, larguirucho y de una humildad arrolladora, no llegó buscando el estrellato como cantante. Fue Elio Pacheco, percusionista del grupo en sus inicios, quien lo presentó a Olinto como bongosero. Y así fué contratado. El destino, sin embargo, tenía otros planes.

En un ensayo que se hacía eterno, el cantante oficial no lograba dar con el tono de una pieza nueva, un tema llamado "Guasancó". Tras tres horas de intentos fallidos, un frustrado Olinto estaba a punto de descartar la canción. Fue entonces cuando el bongosero levantó la mano.

"Tabaco se ofreció para cantar y fue así como se inició la leyenda", narra Olinto con una admiración que el tiempo no ha borrado. "Un verdadero fenómeno. Esto siempre lo digo porque él no sabía qué era una corchea. No sabía nada de música, pero tenía sangre de sonero y emitía ondas de sabor inigualables. Su carisma era total, su presencia fue factor decisivo para el Sexteto".

Ese día nació el sonido que definiría a la agrupación. El 22 de febrero de 1967, grabaron su primer disco de 45 RPM con "Guasancó" y "Cautivo". El éxito fue inmediato y avasallador. "Guasancó" se convirtió en un himno callejero, la crónica de una fiesta sabrosa que ponía a todos a bailar.


La Conquista de Venezuela y la Bendición de Escalona

En los años 70, mientras el rock y el pop anglosajón dominaban la radio, la salsa se abría paso a codazos, luchando por su espacio. En esa batalla, el Sexteto Juventud era un general victorioso. Su popularidad era tan inmensa que contaron con el apoyo del padrino del género, el hombre que le dio su nombre: Phidias Danilo Escalona.

"El Bigotón" Escalona, desde su programa de radio, se confesaba un admirador incondicional del grupo. Para él, el Sexteto representaba la autenticidad, la salsa que nunca pasaría de moda. Consideraba que la voz de "Tabaco" le había dado al grupo un sello de pertenencia único, elevando temas como "Mala", "Caramelo y Chocolate", "La Cárcel" y "Mi Calvario" a la categoría de clásicos inmortales.

El éxito trajo consigo transformaciones. En marzo de 1973, tras vencerse el contrato con el sello Velvet, una parte de la banda, incluyendo a Tabaco, se separó para formar el "Sexteto de Tabaco". Lejos de rendirse, Olinto Medina demostró su tenacidad. Renovó la agrupación, añadiendo piano, trompetas y trombón, dando vida al "Nuevo Sonido del Sexteto Juventud". Esta capacidad de adaptación les permitió no solo sobrevivir, sino seguir cosechando éxitos y viajando a plazas salseras tan importantes como Cali, en Colombia.


Un Legado Inmortal, un Patrimonio Nacional

A lo largo de su trayectoria, por las filas del Sexteto Juventud han pasado cantantes de la talla de Nelson Navas, Raúl Parada, Erasmo Machado y Oscar Mijares. Han grabado más de 300 composiciones, un repertorio que es parte esencial de la cultura popular venezolana.

Carlos "Tabaco" Quintana falleció en 1995, pero su voz, como dijo Olinto, siguió siendo solicitada en cada presentación. Se convirtió en un mito, el "sonero sin pentagrama" que cantaba con el alma.

El capítulo más reciente de esta gloriosa historia se escribió en la Gaceta Oficial N° 43.127, donde el Estado venezolano reconoce formalmente la trayectoria del Sexteto Juventud como Bien de Interés Cultural de la República Bolivariana de Venezuela. El documento resalta su "destacada contribución al quehacer, mediante sus creaciones artísticas que refuerzan la identidad y el tejido cultural".



Es la consagración definitiva para Olinto Medina y su tropa, ahora al frente de su sobrino el músico Germán Medina, un reconocimiento a la batalla dura, a los altos y bajos, y a una vida entera dedicada a un sonido. Como ellos mismos publicaron con júbilo en sus redes sociales:

"Gracias Venezuela por tanto amor, gracias a los salseros de buena voluntad que nos dieron su apoyo y no apoyaron las falsas agrupaciones y decimos a una sola voz: el legado continúa".


Y así es. Mientras suene una tumbadora en un rincón de Caracas, mientras un bailador recuerde la cadencia de "Caramelo y Chocolate", el Guasancó del Sexteto Juventud seguirá vivo a través de sus éxitos y también de su nueva generación, como un eco eterno del barrio que los vio nacer.

¡Nos leemos en la próxima descarga y no lo olvides, si te caes siete veces, levántate ocho!

           ¡Ponle Sabor! 

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