Escrito por Yoye de la Salsa

Un Viaje al Corazón del Trombón 

con Willy Álvarez



Hoy nos sumergimos en la trayectoria de una figura emblemática de la salsa, Willie Álvarez, conocido con cariño como "El trombonista del barrio". Nacido en Queens, Nueva York, el 24 de julio de 1966, este músico de raíces puertorriqueñas ha labrado un camino impresionante en el universo del trombón. Desde sus inicios, bebió de la influencia de gigantes como Reynaldo Jorge, Lewis Kahn, Mon Rivera, Leopoldo Pineda y Papo Vásquez, forjando un estilo propio que lo llevaría a debutar profesionalmente a la temprana edad de 17 años junto a la Orquesta del cantante Tito Allen. Su pasión y talento lo llevaron incluso a vivir un año en Colombia, dejando su huella como miembro de la orquesta de Los Hermanos Lebrón en álbumes como "Loco por ti" y "Salsa en el paraíso". Con una sólida formación académica que incluye una Licenciatura de Bellas Artes en estudios de Jazz Contemporáneo y una Maestría en Educación Musical, Willie Álvarez no solo es un virtuoso del instrumento, sino también un profundo conocedor de la música. Con esta rica historia como preludio, nos adentramos en una conversación íntima, una entrevista que teníamos pendiente por publicar desde que vino a Venezuela con Lavoe Orquesta a finales del 2023 y así dar a conocer más sobre sus experiencias y su visión del mundo salsero.

El Comienzo Inesperado: De Trompetista Frustrado a Maestro del Trombón

- ¿Cuál fue el punto de inicio de su carrera? ¿Por qué el trombón?

-Con una sonrisa cómplice confiesa:-¡Yo no quería ser trombonista!. En la secundaria, me pusieron en la orquesta. El profesor, que era judío, hizo una demostración de todos los instrumentos. Nos dio una tarjetita y nos dijo: "Escriban tres instrumentos que quieran tocar, en orden de preferencia". Yo puse: primero, trompeta (no trombón, ¡trompeta!); segundo, trombón; y tercero, percusión, batería. Pasó una semana, regresamos, y él dijo: "Bueno, ya decidí". ¡Y me dio el trombón! Yo, ¡uff! Cuando se acabó la sesión, fui a su oficina y le dije: "¿Puedo hablar con usted en confianza? Firme aquí, sácame de esto". Él se ríe y me pregunta qué me pasa. Le digo: "Yo no quiero tocar eso. Ese instrumento es de  loco. Parece una segueta. ¡Yo quiero ser trompetista!". Me pregunta por qué, y le suelto: "¡Porque los trompetistas tienen todas las chamacas! La trompeta es 'cool', todos los trompetistas tienen las mujeres y las novias más lindas". Él se ríe y me dice: "Mira, tú no puedes ser trompetista". "¿Pero por qué?", le pregunto. Y me responde: "Porque tienes los labios muy grandes". ¡Imagínate! Le dije: "¡Tú eres un racista! Ese es un comentario racista, ¡porque tengo el bembé grande, qué te pasa a ti! ". Él se ríe de nuevo y me propone un trato: "Toca el trombón por un mes. Solo un mes. Y yo te aseguro que te vas a enamorar, vas a viajar por todo el mundo y vas a ser un músico famoso". Yo le digo: "¿Usted tiene una bola de cristal o qué?". Se ríe y me manda para la otra materia. En un mes, me devoré los primeros tres libros básicos de trombón y ya era el primer trombón, primera silla, de la orquesta de conciertos.

-¡Ay Dios, qué visión la de ese profesor!

-Y regresé un par de años después, ya habiendo viajado, y él riéndose. Y en esa misma escuela tuve mi primer trabajo como asistente de maestro. Y después trabajé allí cuando finalicé mi maestría en educación. ¡Pero yo quería ser trompetista, porque con la trompeta tendría a todas las nenas lindas!, dijo entre risas.

Venezuela en el Alma y el Reencuentro con "Lavoe Orquesta"

-¿Cuáles han sido sus impresiones más significativas de esta experiencia?

-Mira, la gente de Venezuela, el público, nos ha tratado de maravilla. Nos han mimado, nos han demostrado un amor y un cariño inmenso, y eso, mi hermano, ha sido lo mejor de todo.

-¿Cómo ha sido esa experiencia con nuestros músicos venezolanos? ¿Qué le ha parecido ese intercambio?

-¡Increíble! Son músicos muy preparados, estudiosos. Especialmente las cuerdas que vienen del Sistema, ¡son de otro nivel! Músicos con una disciplina férrea, muy organizados y con un sonido que es, sencillamente, espectacular.

-¿Cómo surgió esa llamada? ¿Cómo fue esa experiencia de "mira, queremos que estés con nosotros"?

Con una franqueza que se agradece respondió: -Te voy a ser sincero. Originalmente, a mí no me llamaron, y no te niego que me sentí enojado. ¡Imagínate! Yo toqué con Héctor Lavoe, entré a su orquesta a los 18 años, allá por el '85. Así que le comenté mi sentir a John Jiménez, quien estaba lidiando con Eddie Montalvo. Yo estaba tranquilo, pero cuando tocaron el primer concierto, parece que Eddie no quedó del todo contento con el sonido de los metales. Entonces me llamó y me dijo: "Mira, vas a entrar a la orquesta". Yo le respondí: "Pero, ¿Cómo así? Si tú me dijiste que no tenías nada que ver con la selección de los músicos". Y se echó a reír. Desde ese momento, aquí estamos.

Ecos de una Carrera Legendaria: De Lavoe a Palmieri

De toda esa vasta experiencia con orquestas del calibre de la de Héctor Lavoe, ¿hay alguna otra vivencia que se iguale o que guarde con especial cariño?

Suspira, como quien abre un baúl de recuerdos preciosos: -¡Ay, mi amor! Si empezamos, nos quedamos aquí hasta el año que viene. Mira, toqué con Tito Allen desde los 16 años, ¡imagínate! Esa fue mi primera incursión en la música profesional. Luego, catorce años con ese judío maravilloso, Larry Harlow, acompañando al gran Cheo Feliciano. La biografía es larga, sí.

-¿Hay alguna que destaque por la vivencia, por algo en particular?

-Eddie Palmieri: Sin dudarlo. Los cuatro años que estuve con el maestro Eddie Palmieri, primero con La Perfecta y después con su orquesta, fueron una experiencia increíble. Aprendí enormidades, sobre todo de los arreglos para trombón, porque Eddie Palmieri de verdad le pone un mundo, hace la diferencia. Pero más allá de lo musical, con el maestro compartimos muchos momentos privados, cosas personales. Me contó de su niñez, de cómo empezó a tocar el piano, ¡porque él originalmente era cantante! Son varias cosas. Aunque esté medio retirado, yo creo que él nunca podrá retirarse del todo, su trayectoria es legendaria.

La Batalla Ganada: Cuando la Fe vence al Silencio

-Mencionó que no pudo tocar por un tiempo debido al COVID. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Horrible, horrible, horrible. Estuve 40 días en el hospital, 13 de ellos en terapia intensiva, muriéndome. Estoy vivo por la pura gracia de Dios. Y lo más duro fue que me dijeron que nunca más iba a poder tocar el trombón. Y aquí estoy. Aunque la voz se me ha ido otra vez porque me dio COVID hace poco, y cada vez que me da, me afecta la voz. Ya van cuatro veces con esto. Dicen que los trombonistas somos buenos cantantes... sí, ¡cuando tengo voz soy excelente!.



Sabor Venezolano: Dimensión Latina y el Recuerdo de "Albóndiga"

-¿Qué le parece la salsa venezolana? ¿Cuál es su grupo o artista favorito?

-¡Grupo favorito, la Dimensión Latina! Escucho los discos de ellos desde que tenía siete años, ¡hace ya 50 años de eso! Y si hablamos de un músico venezolano que admire... César Monge "Albóndiga". Tuve el placer inmenso de compartir con el maestro hace 30 años en Cali. Durante un año, él y yo trabajamos juntos en la orquesta de los Hermanos Lebrón. Eso fue una enciclopedia de información, de vida, de teoría musical, del trombón. Después de 30 años sin vernos, lo encontré el otro día. Fue un intercambio de sentimientos muy bonito. Él me decía: "¿Pero tú te recuerdas de mí?". Y yo le respondía: "¡Claro que sí, pero tú eras flaquito y tenías pelo!". Y él me decía: "¡Y tú eras gordo y estabas más joven!". Nos reímos mucho.

Un Reencuentro de Amigos en la Tarima

-¿Qué se siente trabajar con esos todos grandes que lo acompañan en la Lavoe Orquesta?

-Para mí es como un reencuentro, porque he trabajado con todos ellos. Con Mangual, empecé a trabajar a los 17 años, grabando y tocando con sus grupos. A Montalvo lo conocí también jovencito, y trabajo en su orquesta cuando estoy disponible. Y con Chino Núñez, ¡estamos tocando juntos desde siempre! Es un gran reencuentro de amigos, y es un placer brindarlo a Venezuela.

-En el concierto del 23 de enero, vivimos algo espectacular con ese show de los tres trombones, cuénteme de ese momento.

Con la mirada de quien revive la emoción nos responde:

-Esos solos tienen una base, una planificación, pero lo que realmente sucede en el escenario no está escrito en ningún papel. Es lo que brota en el momento, una mezcla de nuestra emoción y la energía que nos transmite el público. Porque te digo algo, el día que yo no pueda tocar con emoción y sentimiento, ese día cojo el trombón, lo cuelgo en un tablillero en la sala de mi casa y me retiro. Esa es la esencia del músico, transmitir lo que uno siente. Y el trombón, esa novia tan personal que uno besa con tanta pasión, exige físicamente, al igual que la trompeta. Mis respetos para esos instrumentos.



El Futuro de la Salsa y un Mensaje de Aliento

¿Cómo proyectaría la contribución para que siga creciendo este género tan hermoso como la salsa y nuestra música afrocaribeña?

Aquí en Venezuela, y también en Colombia y otros países nuestros, veo con optimismo que la juventud se está preparando y está subiendo para mantener el género. Desafortunadamente, no es igual en los Estados Unidos ni en Puerto Rico. Y ese es el peligro que tenemos ahora mismo: que no haya una continuación, una evolución. Cuando yo era joven, ya estaba subiendo mi generación. Detrás de la mía está Hommy Ramos, que tiene 40 años, pero después de él no veo mucho más.

-¿Cuál sería su mensaje para esos músicos, especialmente los venezolanos, que sienten que no se les da la oportunidad o que han pensado en abandonar por las dificultades?

-Si cuando la cosa se hubiera puesto difícil para mí, yo me hubiera rendido, ahora mismo estaría en mi casa con el control remoto. ¿Se entiende? Cuando me dio el COVID, si me hubiera rendido, usted y yo no estaríamos teniendo esta entrevista. Hay que poner de su parte, hay que tener valor, hay que tener mucha fe en el Creador y seguir echando para adelante. No importa los obstáculos, van a estar donde quiera, en cualquier carrera. Uno puede ser médico, abogado, y van a presentarse obstáculos. ¿Por qué haya un obstáculo te vas a rajar? Eso es cobardía. Hay que tener valor, resignación y seguir para adelante, porque a veces las cosas que uno no ve, están justo enfrente.


Y así, entre risas, recuerdos profundos y la pasión desbordante por la música, concluye nuestro encuentro con Willy Álvarez, un gigante del trombón cuya historia es, en sí misma, una melodía de perseverancia y amor por el arte.

 Nos vemos en la próxima entrega y no olvides nunca: 

"Si te caes siete veces, levántate ocho" y...

¡Ponle Sabor!

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